
A la hora de decidirse por comprar un frigorífico debemos tener en cuenta el tamaño del frigorífico en función del espacio del que disponemos en la cocina; asimismo, considerar la capacidad (volumen medido en litros) requerida dependiendo del número de personas que hacen uso de él.
El consumo de energía de un frigorífico está condicionado por el tamaño del mismo; por este motivo, un frigorífico más grande de lo necesario supone un mayor consumo de energía; y por consiguiente, un mayor gasto.
En función de nuestras necesidades elegiremos disponer de una capacidad mayor en el refrigerador o en el congelador: un congelador más grande si realizamos compras de alimentos frescos con el objeto de congelarlos y consumirlos más adelante; una mayor capacidad del refrigerador cuando los alimentos frescos se compran más a menudo para un consumo inminente.
¿Qué tipos de frigoríficos están disponibles en el mercado?
Si realizamos una primera clasificación de los frigoríficos atendiendo a la división de refrigerador y congelador, tenemos:
• Frigoríficos de una puerta, con congelador en su interior, recomendables para pequeños consumos.
• Frigoríficos de dos puertas, con un congelador de mayor tamaño que puede estar situado en la parte de arriba o la de abajo.
• Frigoríficos combinados (COMBI), tienen el congelador en la parte de abajo y cuentan con regulación independiente de la temperatura para cada uno de los recintos. Pueden ser de uno o dos motores.
• Frigoríficos americano, es más ancho que los anteriores, situándose el refrigerador a un lado y el congelador al otro.
• SIDE BY SIDE, realmente se trata de dos electrodomésticos: un frigorífico de una puerta sin congelador y un congelador vertical; éstos suelen disponerse el uno al lado del otro, aunque también pueden presentar maneras diferentes de colocación.
• Frigoríficos de tres puertas, no se encuentran muy extendidos en el mercado. Este tipo de frigoríficos disponen el congelador de gran tamaño en la parte de abajo, y en la parte superior el refrigerador tiene dos compartimentos ubicados uno al lado de otro con puertas separadas. Los frigoríficos de tres puertas ocupan más espacio que los de dos puertas o los COMBIS.
Los frigoríficos de dos puertas y los COMBIS son los más extendidos pues los hay en diferentes alturas (desde 1,45 m, en el caso de los 2 puertas hasta 2 m, en los combis) y anchuras (60 cm y 70 cm), lo que facilita enormemente su ubicación en una cocina.
Según se realiza el proceso de enfriamiento, encontraremos tres tipos de frigoríficos:
• Cíclicos, en ellos se debe descongelar periódicamente el congelador.
• No frost, evitan la humedad en el interior del aparato y hacen que no tengamos que descongelar el congelador, pues se realiza de forma automática.
• Mixtos, utilizan la tecnología No Frost en el congelador, manteniendo así la ventaja de no tener que descongelarlo; asimismo, disponen de la tecnología Cíclica en el refrigerador para evitar que se resequen los alimentos.
En cuanto a la instalación del frigorífico, los tenemos de libre instalación (que puede ser PANELABLE o no) en un espacio destinado a este fin; y de INTEGRACIÓN, colocándolo en este caso dentro de un módulo de la cocina.
Es importante tener en cuenta que hay que dejar un espacio libre alrededor del frigorífico para permitir una correcta ventilación del mismo.
Por último, pero no por ello menos importante, lo que debemos tener muy presente a la hora de elegir un frigorífico es la clasificación energética. El frigorífico es el electrodoméstico del hogar que más electricidad consume, no por su elevada potencia sino por el uso permanente y continuado que hacemos de él. (Según el IDAE, el 19% de la energía consumida en las viviendas españolas se destina a refrigeración y congelación de alimentos). Por tanto, elegir un frigorífico cuya clasificación energética sea la más eficiente, supondrá un sustancioso ahorro anual energético y económico. Actualmente, hay en el mercado frigoríficos de Clase A+ y Clase A++.
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Elegiremos el lavavajillas en función de varios factores como la ubicación, el número de personas que seamos en casa y, como siempre que se adquiere un electrodoméstico, su consumo energético.
La ubicación del lavavajillas va a depender del tamaño del mismo y del espacio disponible que tengamos en la cocina.
Lo más común es encontrarnos en el mercado con lavavajillas de 60 cm (anchura estándar) y de 45 cm. Dependiendo del uso diario que le vayamos a dar y del número de miembros que habiten en la vivienda, elegiremos un lavavajillas de mayor o menor capacidad.
Las prestaciones no difieren enormemente entre modelos equivalentes de ambas anchuras, simplemente la diferencia estriba en el número de servicios o cubiertos que estos admiten: un lavavajillas de 60 cm, por lo general, está diseñado para 12 cubiertos (aunque hoy día, hay fabricantes que incorporan más servicios), mientras que un lavavajillas de 45 cm está pensado para 9 cubiertos (hasta hace muy poco, eran 6 servicios).
Dentro de las categorías de 45 cm y 60 cm podemos elegir entre los de libre instalación, para colocarlo en el espacio que hayamos destinado para ese fin; y los integrables, que pudiéndose situar bajo la encimera quedan integrados de manera armónica con en el resto del mobiliario de la cocina.
Si lo que queremos es que “hagan juego” con nuestros muebles de cocina, ambos modelos pueden tener su correspondiente versión panelable: mientras que a los de libre instalación se les puede instalar un panel frontal en la puerta que vaya a juego a con los muebles, los integrables quedan disimulados totalmente, semejando a un mueble más de cocina.
¿Un lavavajillas no supone un mayor gasto en electricidad y agua?
Lavar a mano los platos, cubiertos y demás utensilios de la cocina no es más “económico” que utilizar un lavavajillas. Utilizando el lavavajillas de una forma eficaz se ahorra en agua y energía. También en detergente, y lo más importante: en tiempo.
En la etiqueta energética de un lavavajillas encontraremos información que debemos tener en cuenta: la eficacia energéticaeficacia de lavado (siendo “A” el grado más alto de eficacia) y la eficacia de secado (la clase “A” es la más eficiente), la (igualmente la “A” es la mejor clasificación).
Ahora hay modelos denominados bitérmicos que toman el agua caliente del circuito de agua caliente de la casa en vez de calentar el agua fría, con el correspondiente ahorro de energía que ello supone.
¿Qué más prestaciones interesantes conviene considerar?
En cuanto a la oferta de prestaciones y características, ésta dependerá mucho del fabricante que elijamos, pudiendo encontrar lavavajillas que nos irán informando de todo el proceso de lavado y secado mediante una sofisticada pantalla o display digital (generalmente éstos serán modelos de gamas superiores), tendremos otros modelos con un display más sencillo que nos indicarán el tiempo del proceso únicamente; y aparatos cuya información vendrá dada únicamente mediante pilotos luminosos.
Hay que tener en cuenta la posibilidad del lavado a media carga que permite el ahorro de energía y agua si hay que hacer lavados de poca vajilla.
Otra función que se puede tener en cuenta es que el lavavajillas “reconozca” la utilización de los detergente “todo en uno” o en pastillas. Se suele denominar función 3 en 1 o función todo en uno. El uso de este tipo de detergentes hace que se viertan menos sustancias químicas con el agua.
Muchos modelos de gamas media y media-alta tienen las bandejas (sobre todo la superior) regulables en altura, lo que hace que se gane espacio para poner menaje más grande en la cesta de abajo.
Otros modelos, no todos, incorporan accesorios especiales para cubiertos (otra bandeja, una cestita más pequeña para colocar en la cesta superior….).
En los últimos tiempos, los fabricantes cuidan mucho las tecnologías que permiten lavar en los lavavajillas hasta los cristales más delicados.
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La elección de una lavadora suele estar determinada en función de la ubicación que va a tener en el hogar, la capacidad de carga requerida, la velocidad de centrifugado y la eficacia de lavado, entre otros factores.
En cuanto a la ubicación de la lavadora podemos elegir modelos de carga frontal o de carga superior: escogeremos una lavadora de carga frontal en caso de tener el espacio suficiente para la apertura de la puerta; sin embargo, ante un problema de escasez de espacio, al punto de no poder abrir la puerta con comodidad, una lavadora de carga superior podría ser la solución puesto que suelen ser más estrechas que las de carga frontal.
Otra posibilidad relacionada con la ubicación es la elección entre una lavadora de libre instalación o una lavadora integrable: un electrodoméstico integrable es aquel que está pensado para que se mimetice mejor con el resto de muebles de la cocina, pudiendo parecer un mueble más; mientras que uno de libre instalación se ubica simplemente en el hueco destinado para él. (Un electrodoméstico de libre instalación no puede hacerse más tarde integrable).
También nos encontramos con la opción de hacerlas panelables: pudiendo revestir el frontal del electrodoméstico con un panel que lo armonice con los muebles de la cocina al fin de que quede más integrado con la estética del lugar en el que se encuentra.
Ya hemos decidido dónde vamos a instalar la lavadora. Ahora bien,
¿cuántos somos en casa?
Dependiendo del número de personas que vivan en el hogar deberemos decidir cuál será la capacidad de carga más adecuada para nuestra lavadora.
Hasta hace muy poco, las lavadoras tenían una capacidad máxima de 5 kg ó 5,5 kg pero ahora hay marcas que disponen de modelos cuya carga máxima está hasta en 10 kg.
Si la familia es de 1 ó 2 miembros, con una lavadora de 6 kg será suficiente. Para una familia convencional, de 4 miembros, una de 7 u 8 kg posiblemente sea lo más recomendable.
Estas recomendaciones las hacemos suponiendo lavados de ropa normal; si la intención es lavar también edredones y prendas muy grandes, mejor entonces una lavadora con mayor capacidad de carga.
¿qué velocidad de centrifugado quiero?
Ahora hay que elegir la velocidad de centrifugado, es decir, el número de vueltas que dará el tambor por minuto, expresado en r.p.m. (revoluciones por minuto): a mayor velocidad la ropa saldrá más escurrida al finalizar el lavado, o dicho de otra manera, a más r.p.m. menos empapada saldrá la colada. Podremos elegir desde 600 r.p.m. hasta 1.600 r.p.m. A partir de 700-800 r.p.m. la ropa sale bastante bien escurrida.
La mayoría de los modelos que hay disponibles suelen tener la opción de reducir o/y eliminar el ciclo de centrifugado.
¿cuánta electricidad consume la lavadora?
El factor que debería ser determinante a lo hora de decidir la compra es la clasificación energética y la eficacia de lavado; ambos conceptos vienen reflejados en la etiqueta energética que todo electrodoméstico debe mostrar.
La clasificación energética hace referencia al consumo de energía en kilowatios-hora por ciclo de lavado (realizada en base al consumo realizado en un ciclo de lavado de algodón a 60º C). Una lavadora de Clase A o superior se considera de alta eficiencia energética, (expresándose esta circunstancia mediante “% consumo menor que clase A”) lo que supondrá un ahorro de energía y un ahorro económico.
La eficacia de lavado significa que consumiendo la menor cantidad posible de agua se consiguen buenos resultados de limpieza. Al igual que con el consumo de energía, la mejor eficacia de lavado viene reflejada mediante una letra A en la etiqueta energética.
¿lavadora mecánica o electrónica?
Hay otros factores que podremos tener en cuenta a la hora de elegir nuestra lavadora como pueden ser los programas que incorpora, si es una lavadora mecánica o electrónica, con pantalla LCD que muestre toda la información del ciclo de lavado, con un display indicador o simplemente con unos indicadores luminosos que indican en qué fase se encuentra del ciclo.
Entonces, ¿qué lavadora me conviene?
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En una etiqueta energética encontramos tres zonas diferenciadas:
• La zona fija es común para todas las etiquetas y muestra los siete niveles de eficiencia energética representados por colores y letras.
• La zona variable muestra información propia del tipo de aparato que se trate (frigorífico, congelador, lavavajillas, lavadora, etc.).
• El comercio extrae de cada modelo de electrodoméstico la tira específica de ese aparato y la adhiere a la etiqueta soporte.

Para frigoríficos y congeladores se aprobaron dos nuevas clases de eficiencia aún más exigentes que la Clase A, son las clases A+ y A++.
En esta imagen podemos ver la escala de clasificación energética con los porcentajes de ahorro sobre un electrodoméstico de referencia (clase D).
Fuente: Renovae.org
La etiqueta energética se aplica en toda Europa constituyendo una herramienta informativa del consumo energético de los electrodomésticos al servicio del consumidor, permitiéndole conocer de antemano la eficiencia energética del aparato a comprar. Esta etiqueta tiene que exhibirse obligatoriamente en cada electrodoméstico puesto a la venta.
Los tipos de electrodomésticos que tienen obligación de etiquetarse energéticamente son:
• Frigoríficos y Congeladores.
• Lavadoras.
• Lavavajillas.
• Secadoras.
• Lavadoras - secadoras.
• Fuentes de luz domésticas.
• Horno eléctrico.
• Aire acondicionado.
Existen 7 clases de eficiencia, identificadas por un código de colores y letras que van desde el color verde y la letra A para los equipos más eficientes, hasta el color rojo y la letra G para los equipos menos eficientes
Según la legislación vigente, es obligatorio para el vendedor exhibir la etiqueta de cada modelo de electrodoméstico, así como es obligatorio para el fabricante facilitar al vendedor los valores que evalúan un modelo de electrodoméstico con etiqueta energética.
Es muy importante saber que el consumo de energía, para prestaciones similares, puede llegar a ser casi tres veces mayor en los electrodomésticos de la clase G que en los de clase A.
Si a eso unimos el hecho de que la mayor parte de los equipos (a excepción de las fuentes de luz) tiene una vida media que supera los diez años, nos encontramos con que el ahorro en la factura eléctrica de los más eficientes (clase A), con respecto a los menos eficientes (clase G), puede superar, dependiendo del tamaño del aparato, 800 euros a lo largo de su vida útil. (*)
(*) Fuente: Instituto para Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE).